El
efecto relajante de la música clásica crea niños con personalidad segura y de
emociones estables – según la Dra. Moreno – está comprobado que en bebés recién
nacidos, colocarles la sonata para dos pianos de Mozart logra efectos
tranquilizadores y sedantes, donde el bebe encuentra un ambiente de paz y relax
igual al que tuvo cuando estuvo en el útero materno.
Don Cambell, autor del libro “El
efecto de Mozart para niños”, señala que la música de Mozart es pura,
simple y a su vez, misteriosa y accesible. Y gracias a estos ingredientes las
conexiones neuronales en el cerebro del bebé son estimuladas desde la décima
octava semana de gestación.
En la Universidad de California,
los investigadores Gordon Shaw y Frances Rauscher, en el año 1996 realizan el
siguiente experimento: Formó tres grupos de niños de segundo grado de estudios:
26 de ellos recibieron instrucción en piano y práctica con un juego de video
matemático; a 29 se les dictaron clases adicionales de inglés, además del juego
de video y 28 no recibieron instrucción especial. Después de cuatro meses los
niños con instrucción musical obtuvieron puntajes entre 15 por ciento y 41 por
ciento superiores en un test sobre razones y fracciones.
Los niños con educación musical
manifiestan mejorías generales en relación con el “estado de ánimo y la
atención”, es decir, los relaja y los mantiene atentos, como observa el
psicólogo Martín Gardiner, de la Universidad de Brown, pero el gran avance se
observa específicamente en matemática: “La
música es el placer que el alma experimenta contando sin darse cuenta de qué
cuenta”. “Al
fin y al cabo la
música tiene que ver con
proporciones, razones, secuencias, todo lo cual constituye un substrato del
razonamiento matemático”.




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