lunes, 27 de mayo de 2013

EDUCANDO EN LA FASE PREESCOLAR





Si exploramos la historia de la Pedagogía, resulta que en el siglo XVIII se comenzaban a enseñar las primeras letras a los 14 – 15 años; después ese tope de edad fue bajando. A principios del siglo XX se iniciaba la escuela a los 8 años, en la cuarta década a los 7, y por la mitad del siglo pasado, 58 países del mundo inician la educación escolar a los 6, en muy pocos a los 5.


La función esencial de la escuela en la etapa preescolar era “socializar” a los niños. En esta socialización había un doble aspecto. Uno evidente que es el aprendizaje de la vida colectiva, con los niños de la misma edad, más pequeños o mayores, y con adultos distintos de los padres que desempeñan funciones determinadas. Los niños se adaptaban al grupo, al ritmo de la escuela, a las actividades que se les proponen. Aprenden a obedecer a los adultos y a someterse a una disciplina.


El pedagogo soviético Antón S. Makarenko señala, que la educación que recibe el niño durante la fase preescolar ejerce una influencia determinante sobre su porvenir, sobre los resultados de su educación escolar y también, en buena medida, sobre sus logros ulteriores en los diversos sectores de la producción, en la actividad científica y artística, en su función social y en su felicidad personal.



Aunque el recién nacido posee ciertas características innatas, relativas a su estructura orgánica en general y a su sistema nervioso en particular, tales características no son sino el punto de partida para su desarrollo psíquico ulterior y no predeterminan ni su carácter ni el nivel de su desarrollo futuro. Todo niño normal posee un enorme potencial psicofisiológico y de lo que se trata es de crear las condiciones más propicias para la actualización de ese potencial.
       Así, en la etapa preescolar, el niño juega: el niño está en acción y nos comunica parte o la totalidad de  su historia personal, así como su relación con sus padres. Por ejemplo, el niño que vomita, que no acepta la leche, manifiesta corporalmente su rechazo y nos da a entender que existe una relación muy delicada entre el padre y la madre.
       Los problemas de aprendizaje están ligados a la afectividad. Los niños que tienen una relación de dependencia con la madre casi siempre manifiestan retardo en la maduración del pensamiento, del aprendizaje y muestran dificultad para relacionarse. Separarse de la madre es un factor de maduración y supone además el nacimiento del lenguaje.

La educación y la formación de la conducta social se inicia en la familia, donde aprende que la vida transcurre en un mundo  donde existen los otros.
Para vivir en armonía social hay que aproximarse al otro, escucharlo, que la vida es más que cómo la paso YO. Juan Donne, poeta inglés del siglo XVI, manifestó “Ningún ser humano es isla formada enteramente de sí mismo”.
Nuestro desarrollo emocional y bienestar por el misterio de la vida esta en el compartir, comprometerse a entender a los otros. YO en ese NOSOTROS en que se entreteje el hilo de una vida con los de otras vidas, para que el individuo no esté como hebra aislada en el mundo, sino como parte integrante de la urdimbre humana.









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jueves, 16 de mayo de 2013

EL ARTE DE APRENDER

El arte de aprender


Por Liliana Lurcat – especialista en sicología infantil.



Todos los padres acarician la misma ilusión de ver en sus hijos que recién nacen, una persona capaz, buena y sana.
       Si repasamos las biografías de hombres de talento y comprobamos con asombro, que su individualidad creativa se reveló desde muy jóvenes: los dotes musicales de Mozart, la inventiva de Edison.

Desde los primeros años de vida los niños reciben la influencia de su familia. El ambiente familiar transmite los valores propias de la familia con sus características de clase, nacionalidad y regionales. También las creencias religiosas se transmiten a través de la familia. Los niños se impregnan de esta cultura familiar adoptando toda clase de costumbres, por ejemplo, en la manera de alimentarse, de expresarse, de distraerse, de emplear el tiempo. Adquieren hábitos frente al cambio: según las  particularidades de cada familia, resulta más o menos fácil adaptarse a otros ambientes.


No es que la familia uniformice las reacciones; también cuentan las diferencias individuales, cada niño de una misma familia refuerza sus gustos y sus tendencias tomando en su entorno lo que le gusta: uno se aficionará a los animales, a otro le gustará arreglar cosas en su casa...
        De todos modos, en el ambiente familiar se adquieren y mantienen rasgos culturales característicos de la clase social de origen.