Existen tres aspectos importantes
en el cuidado del bebe: la alimentación, la higiene y la estimulación. La primera
es innata, instintiva e inmediata. El niño la recibe mediante la lactancia
materna. Esta leche es el principal nutriente que se suministra al niño durante
los primeros años de vida.
El
segundo paso es la higiene localizada y consiste en limpiar al bebe por partes.
La especialista recomienda el baño casero completo apenas se caiga el cordón
umbilical (entre los siete y diez días de nacido).
El
tercer cuidado es la estimulación del bebe. Los padres deben inducir y
desarrollar esta práctica con el afán de estimular las habilidades motoras
finas y gruesas. Por ejemplo, se estimula la vista y el oído cuando se agarra
una sonaja de un color intenso y se agita con el afán de que el niño busque la
fuente de sonido y reconozca el objeto que está ante sus ojos.
Bipedestación y Pensamiento: El
pensamiento como proceso mental que consiste en operaciones de comparación y
clasificación de cualidades de los objetos como son la forma, el color, el uso,
etc., se desarrolla y amplía con la capacidad locomotora de desplazamiento
autónomo del niño que al acercarse voluntariamente a los objetos los manipula,
los ordena, amontonándolos según el tamaño, la forma, el brillo, el color, el
uso, etc, siendo este tipo de experiencias el primer ejercicio de relaciones
mentales que se asocian al desarrollo de la actividad pensante.
Dar
la oportunidad a que el niño manipule objetos que pueda ordenar y clasificar es
ayudar al orden evolutivo espontáneo trazado por la filogénesis humana. No
hacerlo es interferir negativamente con el desarrollo de una de las funciones
psíquicas más elevada y complicadas puestas al servicio de adaptaciones
cualitativamente superiores del ser humano.
Dos años: Es capaz de comer, pero
necesita que la sociedad le provea las condiciones para poder sobrevivir; ya
tiene su pequeño mundo. Durante todo el primer año de vida y los primeros meses
del segundo se extiende el desarrollo funcional de la mano prensil. Ya en las
primeras semanas se producen contracciones reflejas, no dirigidas, de la mano,
movimientos para asir, tan incontrolados como el pataleo. Al principio los
movimientos van muchas veces al vacío, pero pronto, después del tercer mes, los
objetos que están al alcance de la mano se asen y retienen: el juguete, un
pañal, el cabello de la madre, los anteojos del abuelo. Por lo pronto son
movimientos monótonos, bruscos y hechos con una fuerza sorprendente. Aún mucho
después del séptimo mes, los movimientos siguen siendo los de tironear,
golpear, palmotear y amasar. Con todo, ya después del segundo mes, el niño
observa sus manitas en movimiento y empieza a seguir atentamente su dirección.
2 a 5 años: El niño necesita
explorar. Si, por ejemplo, a los tres años se quema con una plancha tiene la
culpa su medio, él necesita explorar, pero no puede hacerse cargo de sus actos.
5 a 7 años: Ya se ha hecho cargo
de sus actos, pero no puede hacerse cargo de sus consecuencias porque de alguna
manera no puede ver todavía hacia el futuro; por ejemplo: hace un compromiso
económico en la escuela, pero no tiene idea de lo que está haciendo.
11 a 18 años: Supuestamente ya
hemos aprendido a hacernos cargo de nuestra vida, de nuestros actos, de sus
consecuencias. Entonces tenemos que aprender a hacernos cargo de la libertad,
es decir valorar y decidir que es lo que hacemos y si va a ser “bueno o malo”
para nosotros.
Entonces, a partir de los 18 años
podríamos decir “ahora si soy totalmente autónomo, libre...”.
A
partir de aquí tenemos que aprender a enfrentarnos realmente con la vida, con
nuestra sociedad, con nuestra capacidad de producir económicamente, de hacer
una familia, de actuar, de decidir...
Pero, tenemos “temor” de hacernos
cargo de nuestra vida porque pensamos: “Y si no puedo...”, “y si fracaso”, “y
si...y si....”. Entonces generamos angustia y para evitarnos esa angustia
preferimos depender de alguien, en lugar de enfrentar esos problemas.
No
es la necesidad objetiva sino la necesidad sentida la que genera la angustia.
Esta última la hace más grande que el hecho objetivo en sí. Por lo tanto, la
persona busca algo que alivie la angustia, no necesariamente que llene su
necesidad. El apego exagerado a la comida nos hace glotones. Nos identificamos
con un vaso de cerveza que luego seguimos con otro y otro más hasta terminar
embriagados, o nos identificamos con una telenovela, una película... y nos
creemos el héroe, el actor....
Los jóvenes buscan la emoción
mecánica asistiendo a carreras de autos, de caballos o al fútbol y solamente
están gastando su energía, porque no han aprendido a descubrir aún la emoción
superior.
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