lunes, 11 de marzo de 2013

EL ORIGEN DE LAS MALAS CONDUCTAS


Existen tres aspectos importantes en el cuidado del bebe: la alimentación, la higiene y la estimulación. La primera es innata, instintiva e inmediata. El niño la recibe mediante la lactancia materna. Esta leche es el principal nutriente que se suministra al niño durante los primeros años de vida.
       El segundo paso es la higiene localizada y consiste en limpiar al bebe por partes. La especialista recomienda el baño casero completo apenas se caiga el cordón umbilical (entre los siete y diez días de nacido).
       El tercer cuidado es la estimulación del bebe. Los padres deben inducir y desarrollar esta práctica con el afán de estimular las habilidades motoras finas y gruesas. Por ejemplo, se estimula la vista y el oído cuando se agarra una sonaja de un color intenso y se agita con el afán de que el niño busque la fuente de sonido y reconozca el objeto que está ante sus ojos. 
Bipedestación y Pensamiento: El pensamiento como proceso mental que consiste en operaciones de comparación y clasificación de cualidades de los objetos como son la forma, el color, el uso, etc., se desarrolla y amplía con la capacidad locomotora de desplazamiento autónomo del niño que al acercarse voluntariamente a los objetos los manipula, los ordena, amontonándolos según el tamaño, la forma, el brillo, el color, el uso, etc, siendo este tipo de experiencias el primer ejercicio de relaciones mentales que se asocian al desarrollo de la actividad pensante.
       Dar la oportunidad a que el niño manipule objetos que pueda ordenar y clasificar es ayudar al orden evolutivo espontáneo trazado por la filogénesis humana. No hacerlo es interferir negativamente con el desarrollo de una de las funciones psíquicas más elevada y complicadas puestas al servicio de adaptaciones cualitativamente superiores del ser humano.
Dos años: Es capaz de comer, pero necesita que la sociedad le provea las condiciones para poder sobrevivir; ya tiene su pequeño mundo. Durante todo el primer año de vida y los primeros meses del segundo se extiende el desarrollo funcional de la mano prensil. Ya en las primeras semanas se producen contracciones reflejas, no dirigidas, de la mano, movimientos para asir, tan incontrolados como el pataleo. Al principio los movimientos van muchas veces al vacío, pero pronto, después del tercer mes, los objetos que están al alcance de la mano se asen y retienen: el juguete, un pañal, el cabello de la madre, los anteojos del abuelo. Por lo pronto son movimientos monótonos, bruscos y hechos con una fuerza sorprendente. Aún mucho después del séptimo mes, los movimientos siguen siendo los de tironear, golpear, palmotear y amasar. Con todo, ya después del segundo mes, el niño observa sus manitas en movimiento y empieza a seguir atentamente su dirección.
2 a 5 años: El niño necesita explorar. Si, por ejemplo, a los tres años se quema con una plancha tiene la culpa su medio, él necesita explorar, pero no puede hacerse cargo de sus actos.
5 a 7 años: Ya se ha hecho cargo de sus actos, pero no puede hacerse cargo de sus consecuencias porque de alguna manera no puede ver todavía hacia el futuro; por ejemplo: hace un compromiso económico en la escuela, pero no tiene idea de lo que está haciendo.
11 a 18 años: Supuestamente ya hemos aprendido a hacernos cargo de nuestra vida, de nuestros actos, de sus consecuencias. Entonces tenemos que aprender a hacernos cargo de la libertad, es decir valorar y decidir que es lo que hacemos y si va a ser “bueno o malo” para nosotros.
Entonces, a partir de los 18 años podríamos decir “ahora si soy totalmente autónomo, libre...”.
A partir de aquí tenemos que aprender a enfrentarnos realmente con la vida, con nuestra sociedad, con nuestra capacidad de producir económicamente, de hacer una familia, de actuar, de decidir...


Pero, tenemos “temor” de hacernos cargo de nuestra vida porque pensamos: “Y si no puedo...”, “y si fracaso”, “y si...y si....”. Entonces generamos angustia y para evitarnos esa angustia preferimos depender de alguien, en lugar de enfrentar esos problemas.
       No es la necesidad objetiva sino la necesidad sentida la que genera la angustia. Esta última la hace más grande que el hecho objetivo en sí. Por lo tanto, la persona busca algo que alivie la angustia, no necesariamente que llene su necesidad. El apego exagerado a la comida nos hace glotones. Nos identificamos con un vaso de cerveza que luego seguimos con otro y otro más hasta terminar embriagados, o nos identificamos con una telenovela, una película... y nos creemos el héroe, el actor....
 
Los jóvenes buscan la emoción mecánica asistiendo a carreras de autos, de caballos o al fútbol y solamente están gastando su energía, porque no han aprendido a descubrir aún la emoción superior.






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