La
Dra. Mirna Loizate de Ganoza del Instituto Buen Nacer – San Borja-añade que se
ha descubierto que la complejidad de la música clásica al ser escuchada por los
niños por un espacio de 10 a 25 minutos produce un aumento en las áreas del
cerebro que tienen relación con el razonamiento espacio- temporal (relacionado
con las matemáticas) y acondiciona al cerebro para resolver problemas
espaciales con mayor rapidez.
La música no solo activa las habilidades
del intelecto sino que mejora el habla, desarrolla la memoria, la percepción
auditiva y hasta permite el aprendizaje temprano del idioma, así como un mejor
nivel del lenguaje comprensivo y expresivo. Poner a un bebe escuchar música va
a lograr relajarlo, más aún, si es una música que lo ha escuchado en compañía
de papá o cuando mamá le está dando de lactar ya que “si al bebé se le estimula
musicalmente y a través de esta actividad se le transmite cariño, amor y paz,
cuando el bebe escuche nuevamente esta melodía va a ser transportado
automáticamente a ese recuerdo y se sentirá más seguro”.
El
efecto relajante de la música clásica crea niños con personalidad segura y de
emociones estables – según la Dra. Moreno – está comprobado que en bebés recién
nacidos, colocarles la sonata para dos pianos de Mozart logra efectos
tranquilizadores y sedantes, donde el bebe encuentra un ambiente de paz y relax
igual al que tuvo cuando estuvo en el útero materno.
Don
Cambell, autor del libro “El efecto de Mozart para niños”, señala que la
música de Mozart es pura, simple y a su vez, misteriosa y accesible. Y gracias
a estos ingredientes las conexiones neuronales en el cerebro del bebé son
estimuladas desde la décima octava semana de gestación.

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