El padre con su observación
aporta el criterio de la realidad, por si la mamá se equivoca. Entre las
funciones que muchas veces cumple un padre, está la de responder preguntas.
“Esto para que sirve?” “Esto cómo se llama?”, preguntan los hijos en un primer
momento. Luego vienen preguntas más complicadas: “Qué son los planetas?”, o más
personales: Cómo resuelvo este problema con mi amigo?. Ser un buen padre
consiste, en cierto modo, en estar siempre a la mano para contestar las
preguntas, pero también en saber hacerlo.
Los
padres deben saber que nuestro cerebro aprende por experiencia propia y aquí se
tiene una tarea que no se puede postergar. Al niño le gusta las actividades
científicas como el manejo del BIOHUERTO que se puede tener en un área pequeña
de la casa o en macetas.
La paciencia, la sensatez, la cultura, el buen trato, son parte de
la actitud de un padre ante preguntas decisivas. La curiosidad es una
característica saludable y permanente entre los niños y los jóvenes. Es un arma
a través de la cual continúan su exploración del mundo.
El
padre en general tiene que intentar ser comprensivo, para poder detectar lo que
es natural de lo que es reactivo o una anomalía que empieza a manifestarse. Un
exceso de libertad puede crear un ambiente irreal, sin reglas, que haga que los
chicos se sientan en una burbuja separada del mundo. Los puede volver
caprichosos y autoritarios, con lo cual su inserción en la sociedad será
difícil o imposible. Asimismo, una educación exageradamente disciplinaria los
puede volver inhibidos y reconcentrados, con lo cual su capacidad creativa y su
seguridad se verán seriamente dañadas.
Los doctores Virginia Jonson y
William Masters, señalan que la sexualidad es una dimensión de la personalidad
que desde la infancia va caracterizando todo nuestro ser: el niño va conociendo
su sexualidad en el pecho de su madre, en la caricia materna, en el calor de su
cuerpo y en el tono de su voz. La conoce también por la manera diferente en que
su padre lo sostiene en brazos y el sonido diferente de la voz paterna.
El
afecto del padre – que no necesariamente es el padre biológico – es la imagen
vital en la niñez. El no tenerlo ocasiona en los jóvenes inseguridades de todo
tipo, pues la imagen paterna hace que el niño o niña se separe de la madre constantemente hasta llegar a la
adolescencia. No tener el afecto del padre ocasiona anemia afectiva y un
sufrimiento: Tanto chicos y
chicas, actúan por instinto. No comprenden su sexualidad. Por eso muchos
quieren comprender su sexualidad practicándola, utilizando su cuerpo y /o el
del otro. Pero son anémicos afectivos.
Muchas
veces es interpretado como pecaminoso desde ciertas formas educativas de la
infancia. Es decir, existe un
miedo generalizado ante cualquier
manifestación sexual, miedo arraigado generalmente en prejuicios religiosos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario