jueves, 4 de abril de 2013

Herramientas que los padres aplican para aprender mejor





Los doctores Virginia Jonson y William Masters, señalan que la sexualidad es una dimensión de la personalidad que desde la infancia va caracterizando todo nuestro ser: el niño va conociendo su sexualidad en el pecho de su madre, en la caricia materna, en el calor de su cuerpo y en el tono de su voz. La conoce también por la manera diferente en que su padre lo sostiene en brazos y el sonido diferente de la voz paterna.
       El afecto del padre – que no necesariamente es el padre biológico – es la imagen vital en la niñez. El no tenerlo ocasiona en los jóvenes inseguridades de todo tipo, pues la imagen paterna hace que el niño o niña se separe  de la madre constantemente hasta llegar a la adolescencia. No tener el afecto del padre ocasiona anemia afectiva y un
sufrimiento: Tanto chicos y chicas, actúan por instinto. No comprenden su sexualidad. Por eso muchos quieren comprender su sexualidad practicándola, utilizando su cuerpo y /o el del otro. Pero son anémicos afectivos. 

Muchas veces es interpretado como pecaminoso desde ciertas formas educativas de la infancia. Es decir, existe un
miedo generalizado ante cualquier manifestación sexual, miedo arraigado generalmente en prejuicios religiosos.
 
El primer año y medio de vida de un ser humano:
       
En los primeros días de vida, no tiene mucha relación con lo que escucha o toca y aprende a coordinar los sentidos y a relacionarlos con los movimientos de su propio cuerpo. El Dr. Burton White, de la Universidad de Harvard, observó que los nenes, poco más o menos a los 65 días de edad, empiezan generalmente a dar manotadas con el puño cerrado a los objetos que ven y que a los 145 días aprenden a agarrar el objeto. Pero, si colocamos objetos con vivos colores a la vista del niño sobre la cuna y alzando a los nenes con más frecuencia, logró que dieran las primeras manotadas a los 55 días y que agarraran bien las
cosas a los 85 días, es decir, mucho antes que lo normal para niños criados en el hogar.

Se demuestra así, que el desarrollo intelectual del niño, dependerá de la estimulación que reciba de su medio ambiente, en especial en los primeros años de vida.





 

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