lunes, 1 de abril de 2013

La cuna marca la calidad del aprendizaje


El padre con su observación aporta el criterio de la realidad, por si la mamá se equivoca. Entre las funciones que muchas veces cumple un padre, está la de responder preguntas. “Esto para que sirve?” “Esto cómo se llama?”, preguntan los hijos en un primer momento. Luego vienen preguntas más complicadas: “Qué son los planetas?”, o más personales: Cómo resuelvo este problema con mi amigo?. Ser un buen padre consiste, en cierto modo, en estar siempre a la mano para contestar las preguntas, pero también en saber hacerlo.
       Los padres deben saber que nuestro cerebro aprende por experiencia propia y aquí se tiene una tarea que no se puede postergar. Al niño le gusta las actividades científicas como el manejo del BIOHUERTO que se puede tener en un área pequeña de la casa o en macetas. 

La paciencia, la sensatez, la cultura, el buen trato, son parte de la actitud de un padre ante preguntas decisivas. La curiosidad es una característica saludable y permanente entre los niños y los jóvenes. Es un arma a través de la cual continúan su exploración del mundo.
El padre en general tiene que intentar ser comprensivo, para poder detectar lo que es natural de lo que es reactivo o una anomalía que empieza a manifestarse. Un exceso de libertad puede crear un ambiente irreal, sin reglas, que haga que los chicos se sientan en una burbuja separada del mundo. Los puede  volver caprichosos y autoritarios, con lo cual su inserción en la sociedad será difícil o imposible. Asimismo, una educación exageradamente disciplinaria los puede volver inhibidos y reconcentrados, con lo cual su capacidad creativa y su seguridad se verán seriamente dañadas.

 

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