El padre con su observación
aporta el criterio de la realidad, por si la mamá se equivoca. Entre las
funciones que muchas veces cumple un padre, está la de responder preguntas.
“Esto para que sirve?” “Esto cómo se llama?”, preguntan los hijos en un primer
momento. Luego vienen preguntas más complicadas: “Qué son los planetas?”, o más
personales: Cómo resuelvo este problema con mi amigo?. Ser un buen padre
consiste, en cierto modo, en estar siempre a la mano para contestar las
preguntas, pero también en saber hacerlo.
Los
padres deben saber que nuestro cerebro aprende por experiencia propia y aquí se
tiene una tarea que no se puede postergar. Al niño le gusta las actividades
científicas como el manejo del BIOHUERTO que se puede tener en un área pequeña
de la casa o en macetas.
La paciencia, la sensatez, la
cultura, el buen trato, son parte de la actitud de un padre ante preguntas
decisivas. La curiosidad es una característica saludable y permanente entre los
niños y los jóvenes. Es un arma a través de la cual continúan su exploración
del mundo.
El padre en general tiene que
intentar ser comprensivo, para poder detectar lo que es natural de lo que es
reactivo o una anomalía que empieza a manifestarse. Un exceso de libertad puede
crear un ambiente irreal, sin reglas, que haga que los chicos se sientan en una
burbuja separada del mundo. Los puede volver
caprichosos y autoritarios, con lo cual su inserción en la sociedad será
difícil o imposible. Asimismo, una educación exageradamente disciplinaria los
puede volver inhibidos y reconcentrados, con lo cual su capacidad creativa y su
seguridad se verán seriamente dañadas.

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