El
primer año y medio de vida de un ser humano:
En los primeros días de vida, no tiene mucha relación con lo que
escucha o toca y aprende a coordinar los sentidos y a relacionarlos con los
movimientos de su propio cuerpo. El Dr. Burton White, de la Universidad de
Harvard, observó que los nenes, poco más o menos a los 65 días de edad,
empiezan generalmente a dar manotadas con el puño cerrado a los objetos que ven
y que a los 145 días aprenden a agarrar el objeto. Pero, si colocamos objetos
con vivos colores a la vista del niño sobre la cuna y alzando a los nenes con
más frecuencia, logró que dieran las primeras manotadas a los 55 días y que
agarraran bien las
cosas a los 85 días, es decir,
mucho antes que lo normal para niños criados en el hogar.
Se demuestra así, que el
desarrollo intelectual del niño, dependerá de la estimulación que reciba de su
medio ambiente, en especial en los primeros años de vida.
Durante los siguientes 18 meses, el bebe será una máquina de
aprender. Mientras que cerebros de más edad requieren de algún tipo de contexto
para aprender – un motivo, como, por ejemplo, una recompensa, para poner más
atención a un estímulo que a otro - los cerebros bebé absorben todo aquello que
reciben por medio de los sentidos. Es recomendable colgar cerca de donde esté
algún objeto móvil de forma brillante y colorido. Debe variarse el objeto cada
semana: siluetas de cartón y los juguetes. No olvidar, que al niño se le
estimula haciéndolo conocer y diferenciar imágenes.
El Dr.
Mark Jonson, del Centro para el Desarrollo Cerebral y Cognitivo de Birkbeck, de
la Universidad de Londres, manifiesta al respecto: ”Podría parecer que sólo
están sentados mirando las cosas fijamente, pero desde el principio los bebés
nacen para buscar información”.
Mientras
exteriormente los bebés están experimentado su nuevo mundo, circuitos
neuronales reciben estimulación repetidamente desarrollando conexiones
sinápticas más fuertes y otras que permanecen inactivas se atrofian.
Si al
nacer, por ejemplo, ocurriera que el
bebé pudiera escuchar cada sonido de cada lengua que exista sobre la tierra. A
medida que las sílabas del español que suponemos sea la lengua materna fue la que llenaron sus oídos, durante el
embarazo, las áreas del lenguaje de su
cerebro se hicieron más sensibles a esas sílabas en particular y menos a los
sonidos de el árabe o al japonés, por ejemplo.
Se ha
encontrado en niños y niñas de origen latino nacidos en Estados Unidos y que son bilingües , es decir, han aprendido ambos idiomas a muy temprana
edad; que los territorios neurales que
rigen su inglés y su español están adyacentes o al menos están parcialmente superpuestos.
Se
sabe, por estudios realizados en el campo de la neurociencia y de la psicología
cognitiva ( Ellis, 1996; Gardner, 1996; Jonson Laird, 1990; Calvin, 2001 ) que
nuestro cerebro está neurológicamente preparado para aprender. Tenemos un
programa genético predeterminado. Este incluye la capacidad de aprender los
cincuenta y dos sonidos de las lenguas universales, su entonación y sintaxis.

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