martes, 16 de abril de 2013

La estimulación y el desarrollo intelectual


El primer año y medio de vida de un ser humano:
       
En los primeros días de vida, no tiene mucha relación con lo que escucha o toca y aprende a coordinar los sentidos y a relacionarlos con los movimientos de su propio cuerpo. El Dr. Burton White, de la Universidad de Harvard, observó que los nenes, poco más o menos a los 65 días de edad, empiezan generalmente a dar manotadas con el puño cerrado a los objetos que ven y que a los 145 días aprenden a agarrar el objeto. Pero, si colocamos objetos con vivos colores a la vista del niño sobre la cuna y alzando a los nenes con más frecuencia, logró que dieran las primeras manotadas a los 55 días y que agarraran bien las
cosas a los 85 días, es decir, mucho antes que lo normal para niños criados en el hogar.

Se demuestra así, que el desarrollo intelectual del niño, dependerá de la estimulación que reciba de su medio ambiente, en especial en los primeros años de vida.

Durante los siguientes 18 meses, el bebe será una máquina de aprender. Mientras que cerebros de más edad requieren de algún tipo de contexto para aprender – un motivo, como, por ejemplo, una recompensa, para poner más atención a un estímulo que a otro - los cerebros bebé absorben todo aquello que reciben por medio de los sentidos. Es recomendable colgar cerca de donde esté algún objeto móvil de forma brillante y colorido. Debe variarse el objeto cada semana: siluetas de cartón y los juguetes. No olvidar, que al niño se le estimula haciéndolo conocer y diferenciar imágenes. 

El Dr. Mark Jonson, del Centro para el Desarrollo Cerebral y Cognitivo de Birkbeck, de la Universidad de Londres, manifiesta al respecto: ”Podría parecer que sólo están sentados mirando las cosas fijamente, pero desde el principio los bebés nacen para buscar información”.

       Mientras exteriormente los bebés están experimentado su nuevo mundo, circuitos neuronales reciben estimulación repetidamente desarrollando conexiones sinápticas más fuertes y otras que permanecen inactivas se atrofian.
Si al nacer, por ejemplo, ocurriera  que el bebé pudiera escuchar cada sonido de cada lengua que exista sobre la tierra. A medida que las sílabas del español que suponemos sea  la lengua materna  fue la que llenaron sus oídos, durante el embarazo,  las áreas del lenguaje de su cerebro se hicieron más sensibles a esas sílabas en particular y menos a los sonidos de el árabe o al japonés, por ejemplo. 
Se ha encontrado en niños y niñas de origen latino nacidos en Estados Unidos y  que son bilingües , es decir, han  aprendido ambos idiomas a muy temprana edad;  que los territorios neurales que rigen su inglés y su español están adyacentes o al menos están  parcialmente superpuestos.
       Se sabe, por estudios realizados en el campo de la neurociencia y de la psicología cognitiva ( Ellis, 1996; Gardner, 1996; Jonson Laird, 1990; Calvin, 2001 ) que nuestro cerebro está neurológicamente preparado para aprender. Tenemos un programa genético predeterminado. Este incluye la capacidad de aprender los cincuenta y dos sonidos de las lenguas universales, su entonación y sintaxis.

No hay comentarios:

Publicar un comentario