jueves, 9 de mayo de 2013

Imágenes por Resonancia Magnética


Estudios  a niños pequeños hecho en una máquina de Imágenes por Resonancia Magnética:

        En el Centro para el Desarrollo Cerebral y Cognitivo en Birkbeck, Universidad de Londres, el investigador Jordy Kaufman equipa a bebés de seis meses con cascos de electrodos para registrar la actividad eléctrica en el cerebro, mientras esta viendo un video, donde la caricatura de un tren que desaparece por un túnel. Los estudios tradicionales del comportamiento han supuesto que los niños pequeños carecen de un sentido de la permanencia de los objetos. Pero, la red de sensores de Kaufman registra un estallido de actividad en los lóbulos temporales derechos de los bebés cuando ven que el tren desaparece.




Y cuando se levanta el túnel para revelar que en su interior no hay un tren – una violación de la permanencia de los objetos – la actividad eléctrica aumenta repentinamente, lo cual sugiere que los bebés intentan mantener una representación mental del tren ante la evidencia visual que indica lo contrario.

        Qué es lo que pasa? Esto significa que la permanencia de los objetos está preestablecida en el cerebro? ....... Quizás.  Pero, Kaufman prefiere ver el desarrollo de la mente como una interacción fecunda entre lo innato y lo aprendido; las predisposiciones innatas de un niño pequeño lo guían a buscar experiencias que a su vez nutre y afina redes neuronales especializadas.

       Una predisposición para mirar rostros, por ejemplo, parece ser innata, e involucra regiones primitivas del cerebro. Hanife Halit del Laboratorio de Bebés, ha demostrado, sin embargo, que regiones superiores de la corteza temporal se vuelven más especializadas en el reconocimiento facial durante el primer año de vida, respondiendo primero a rostros de humanos y monos colocados en posición vertical y puestos de cabeza, y finalmente sólo a rostros humanos en posición vertical. Los bebés normales también prefieren rostros que les devuelven la mirada, pero no así los niños autistas.


Halit especula que sin una predisposición inicial para interesarse en los rostros cautivadores, el cerebro de un bebé podría no enriquecerse con las interacciones sociales que guían el desarrollo normal, y eso llevaría a la indiferencia a gran escala a estímulos sociales, uno de los sellos del autismo.

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