Si exploramos la historia de la Pedagogía, resulta que en
el siglo XVIII se comenzaban a enseñar las primeras letras a los 14 – 15 años;
después ese tope de edad fue bajando. A principios del siglo XX se iniciaba la
escuela a los 8 años, en la cuarta década a los 7, y por la mitad del siglo
pasado, 58 países del mundo inician la educación escolar a los 6, en muy pocos
a los 5.
La función esencial de la escuela en la etapa preescolar
era “socializar” a los niños. En esta socialización había un doble aspecto. Uno
evidente que es el aprendizaje de la vida colectiva, con los niños de la misma
edad, más pequeños o mayores, y con adultos distintos de los padres que
desempeñan funciones determinadas. Los niños se adaptaban al grupo, al ritmo de
la escuela, a las actividades que se les proponen. Aprenden a obedecer a los
adultos y a someterse a una disciplina.
El pedagogo soviético Antón S.
Makarenko señala, que la educación que recibe el niño durante la fase
preescolar ejerce una influencia determinante sobre su porvenir, sobre los
resultados de su educación escolar y también, en buena medida, sobre sus logros
ulteriores en los diversos sectores de la producción, en la actividad
científica y artística, en su función social y en su felicidad personal.
Aunque el recién nacido posee
ciertas características innatas, relativas a su estructura orgánica en general
y a su sistema nervioso en particular, tales características no son sino el
punto de partida para su desarrollo psíquico ulterior y no predeterminan ni su
carácter ni el nivel de su desarrollo futuro. Todo niño normal posee un enorme
potencial psicofisiológico y de lo que se trata es de crear las condiciones más
propicias para la actualización de ese potencial.
Así,
en la etapa preescolar, el niño juega: el niño está en acción y nos comunica
parte o la totalidad de su historia
personal, así como su relación con sus padres. Por ejemplo, el niño que vomita,
que no acepta la leche, manifiesta corporalmente su rechazo y nos da a entender
que existe una relación muy delicada entre el padre y la madre.
Los
problemas de aprendizaje están ligados a la afectividad. Los niños que tienen
una relación de dependencia con la madre casi siempre manifiestan retardo en la
maduración del pensamiento, del aprendizaje y muestran dificultad para
relacionarse. Separarse de la madre es un factor de maduración y supone además
el nacimiento del lenguaje.
La educación y la formación de la
conducta social se inicia en la familia, donde aprende que la vida transcurre
en un mundo donde existen los otros.
Para
vivir en armonía social hay que aproximarse al otro, escucharlo, que la vida es
más que cómo la paso YO. Juan Donne, poeta inglés del siglo XVI, manifestó “Ningún
ser humano es isla formada enteramente de sí mismo”.
Nuestro
desarrollo emocional y bienestar por el misterio de la vida esta en el
compartir, comprometerse a entender a los otros. YO en ese NOSOTROS en que se
entreteje el hilo de una vida con los de otras vidas, para que el individuo no
esté como hebra aislada en el mundo, sino como parte integrante de la urdimbre
humana.
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