El arte de aprender
Por Liliana Lurcat – especialista en sicología infantil.
Todos los padres
acarician la misma ilusión de ver en sus hijos que recién nacen, una persona
capaz, buena y sana.
Si
repasamos las biografías de hombres de talento y comprobamos con asombro, que
su individualidad creativa se reveló desde muy jóvenes: los dotes musicales de
Mozart, la inventiva de Edison.
Desde los primeros años de vida
los niños reciben la influencia de su familia. El ambiente familiar transmite
los valores propias de la familia con sus características de
clase, nacionalidad y regionales. También las
creencias religiosas se transmiten a través de la familia. Los niños se
impregnan de esta cultura familiar adoptando toda clase de costumbres, por
ejemplo, en la manera de alimentarse, de expresarse, de distraerse, de emplear
el tiempo. Adquieren hábitos frente al cambio: según las particularidades de cada familia, resulta más
o menos fácil adaptarse a otros ambientes.
No es que la familia uniformice
las reacciones; también cuentan las diferencias individuales, cada niño de una
misma familia refuerza sus gustos y sus tendencias tomando en su entorno lo que
le gusta: uno se aficionará a los animales, a otro le gustará arreglar cosas en
su casa...
De todos modos, en el ambiente familiar se
adquieren y mantienen rasgos culturales característicos de la clase social de
origen.



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